
En el complejo lenguaje de la tauromaquia, la dirección que sigue la muleta no es una cuestión de azar, sino de estrategia, mando y estética. Muchos aficionados se preguntan: ¿por qué a veces el torero parece despedir al toro hacia afuera y otras lo envuelve en un círculo infinito a su alrededor? La respuesta reside en la diferencia entre torear en línea recta y torear en redondo.
Entender estos dos conceptos es fundamental para apreciar la técnica de un espada y, sobre todo, para comprender por qué una faena evoluciona de una manera u otra. De la mano de Fernando Robleño, desgranamos este secreto del arte de Cúchares.
Al comenzar una faena, es poco común ver a un torero intentando «enroscarse» al toro de inmediato. Lo habitual es que los primeros muletazos sean en línea recta. Pero, ¿cuál es el objetivo de este movimiento.
Cuando se torea «en línea», el torero acompaña la embestida pero, al final del pase, despide al toro de la muleta hacia afuera. Esto sirve para que el animal tome confianza, para medir su fuerza y su velocidad, y para establecer una primera unión entre hombre y animal sin someterlo a una exigencia física excesiva desde el primer segundo.
Una de las grandes preguntas del aficionado es por qué no se busca siempre la máxima curva. La razón es física y de seguridad. Cuando un toro sale con mucha vibración y velocidad, intentar trazar un círculo puede ser peligroso.
Como bien explica el maestro en el vídeo:
Cuando un toro embiste, sobre todo de principios, con una velocidad fuerte, no te lo puedes traer tan adentro porque te ganaría la acción
Fernando Robledo
Si el torero intentara torear en redondo a un toro que aún no ha sido «templado» o reducido en su velocidad, el animal terminaría tropezando con la muleta o, peor aún, encontrando el cuerpo del torero al no tener espacio para girar.
Si el toreo en línea es la técnica, el toreo en redondo es el arte. Es aquí donde surge la emoción más profunda, ya que el torero obliga al toro a seguir una trayectoria curva, envolviéndolo alrededor de su cintura.
Este tipo de toreo suele reservarse para el nudo y el final de la faena. Una vez que el toro ha sido ahormado en las series iniciales y ha perdido esa velocidad bruta del principio, el torero puede permitirse «quebrar» la trayectoria del animal y obligarlo a girar sobre su eje, creando esa imagen plástica y circular que tanto apasiona a los tendidos.
La transición entre estos dos tipos de toreo marca el éxito de una tarde. Un torero que solo torea en línea recta puede ser considerado un buen técnico, pero difícilmente transmitirá la emoción necesaria para cortar las orejas. Por el contrario, aquel que intenta el toreo en redondo sin haber preparado al toro antes, corre el riesgo de que la faena se emborrone o sufra un percance.
El toreo en redondo exige un esfuerzo físico mayor para el toro (que debe flexionar más su columna y sus patas) y un compromiso mayor para el torero, que debe quedarse en el sitio para ligar el siguiente pase sin rectificar la posición.
Para aprender a ver y juzgar una faena de muleta, fíjate en la trayectoria que el torero le da al animal:
Identifica el inicio: Observa si los primeros pases son rectos para «limpiar» la embestida y enseñar al toro a seguir el engaño.
Busca la curva: Valora cuándo el torero decide dejar de despedir al toro y empieza a traérselo «hacia adentro», reduciendo el espacio y aumentando el riesgo.
La pureza: Recuerda las palabras de Robleño: la máxima expresión llega cuando el torero es capaz de convertir la línea recta en un círculo perfecto alrededor de su cuerpo.
Dominar estas dos geometrías es lo que permite a los maestros transformar la embestida de una fiera en una obra de arte en movimiento.